Al fin hubo fumata blanca y David Llorente pudo respirar tranquilo. Casi cinco meses después de asombrar al mundo con la plata en el Mundial de La Seu d’Urgell, conoció en la madrugada australiana, –se encuentra allí entrenando– que la única plaza para representar a España en K-1 Slalom en los Juegos Olímpicos de este verano en Tokio era suya. La Real Federación Española puso así fin al suspense tras el bronce de Joan Crespo en la cita mundialista. La organización, que convocó a una comisión técnica para clarificar unos criterios de selección confusos, da al segoviano, de 23 años, la plaza –solo la perdería en caso de lesión– sin necesidad de revalidarla en el preolímpico.

Cuando la federación elaboró los criterios para la cita olímpica, no contó con un escenario pintiparado: jamás había habido dos palistas españoles en el podio de un campeonato del mundo de slalom, una disciplina dominada por centroeuropeos, franceses o británicos. El modelo seleccionaba al mejor palista tras cinco citas internacionales de 2019 –el Mundial, el Europeo y tres pruebas de la Copa del Mundo– y Llorente superó con amplio margen a los otros dos palistas españoles. Su embarcación fue la única con derecho a pelear la plaza por esta ruta. Pero había un comodín: ser medalla en el Mundial.

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